Por Eduardo de la Torre Jaramillo
Hace veinte años en el Monumento a la Revolución
Mexicana, Luis Donaldo Colosio Murrieta pronunció el mejor discurso político de
su vida, allí todo era euforia, alegría; por fin era el arranque de la campaña
presidencial; un discurso inspirado en Karl Popper, escrito por varios
personajes de la campaña como: Samuel Palma César, Cesáreo Morales, y Javier
Treviño.
Después de que escuché ese magnífico discurso, procedí
a realizar un análisis político de ese discurso; donde mi conclusión fue: le
quitarán la candidatura a Colosio; y donde los escenarios fueron dos: por la
vía pacifico, o por la ruta de la violencia. ¿Por qué?, por los diversos mensajesque
contenía ese discurso; por ejemplo en materia económica fue una crítica a la política
económica, donde habló “que la modernización económica solo cobra verdadero
sentido, cuando se traduce en mayor bienestar para las familias mexicanas…”; en
su crítica social fue en la frase "veo un México con hambre y sed de
justicia", y en lo políticola contundente frase: "reformar al poder
para democratizarlo y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo".
Estas demoledoras críticas hacia Carlos Salinas fueron parte del análisis
político del discurso.
Cuando entregue ese análisispolítico a un
subsecretario de organización del CEN me dijo "¿cómo llegaste a esa
conclusión?", le dije ese discurso fue un reto al presidente Salinas (aún
recuerdo esa frase). En ese tiempo los tres amigos que compartíamos un
departamento en el DF en la Calle Pitágoras; todos estábamos en esa campaña
presidencial, mis amigos Juan Carlos Morales, y Fernando Coronel, este último
nos dio una fotocopia del discurso del 6 de marzo de 1994 con las correcciones
del propio Luis Donado, documento que lamentablemente debió
haber quedado en un cambio de casa.
Los tres amigos teníamos intensos debates sobre la
campaña presidencial, y ese discurso nos marcó de por vida; tanto Fernando como
Juan Carlos cuando les mostré el análisis del discurso ninguno lo aceptó;
alguno de ellos dijo que eso pasaba en los años 30; que tenía mucha
imaginación, etc.
Pero el clima político le era adverso a Luis Donaldo, desde
que arrancó su campaña en Huejutla, Hidalgo; por cierto sin el consentimiento
del presidente Salinas; después vino el alzamiento del EZLN;más,el activismo
del Comisionado para la Paz en Chiapas; inclusive los medios de comunicación no
le dieron ninguna portada a Colosio; el desafortunado "no se hagan
bolas" de Salinas, en fin todo ese entorno político tenía que ser
enfrentado por un discurso que mostrara un deslinde claro y preciso del
candidato con su antecesor en lo social, económico y político; y ese fue
precisamente el centro de ese discurso.
El discurso del 6 de marzo de 1994 fue el de un
político que estaba enfrentado con el gobierno, fue más un discurso de
oposición que de un candidato oficial; y eso era lo único que le quedaba a este
hombre público “sacar la casta”; correr el riesgo político; tener altura de
miras frente a la adversidad; y quizá lo más importante, ya no necesitaba la
“línea política”, y ese discurso fue un acto de independencia y de libertad
política para enfrentar al poder, paradójicamente reformando al mismo poder.
Citaré algunas frases de aquel histórico discurso,
porque considero que tienen vigencia a veinte años de distancia:
“Por eso hoy, ante la contienda política, ante
la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo demanda imparcialidad y
firmeza en la aplicación de la ley. ¡No queremos ni concesiones al margen de
los votos ni votos al margen de la ley!”.
“Hoy estamos ante una auténtica competencia. El
gobierno no nos dará el triunfo: el triunfo vendrá de nuestro trabajo, de
nuestro esfuerzo, de nuestra dedicación”
“Sabemos que el origen de muchos de nuestros
males se encuentra en una excesiva concentración del poder. Concentración del
poder que da lugar a decisiones equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los
abusos, a los excesos. Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto
estrictamente a los límites constitucionales de su origen republicano y
democrático.”
“Yo veo un México con hambre y con sed de
justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones
que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres
afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas
gubernamentales.”
“Es la hora de la confianza para todos, la de
traducir las buenas finanzas nacionales, en buenas finanzas familiares”.
Con el paso de los años, mi análisis de ese discurso
lo corroboré en las constantes preguntas que le hizo Julio Scherer García a
Luis Donaldo Colosio “Donaldo, ¿el presidente conoció tu discurso”?, y Scherer
finaliza su libro “Esos años”, con la frase de Colosio “el presidente no lo
leyó”.









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